MERITOCRAZY – DIEGO BIANCHI

Meritocrazy
Diego Bianchi
Pasto
01.08.19 | 28.09.19

Pasto dispone de una amplia vidriera sobre la calle Pereyra Lucena. En el mismo lugar funcionó antes una casa de alta costura que la utilizaba para exhibir sus creaciones. En ocasión de Meritocrazy, Diego Bianchi (Buenos Aires, 1969) retomó el formato de vidriera de boutique para exponer su propia línea de calzado. Con curaduría de Alfredo Aracil, la muestra propone “una vuelta a las antiguas casas de modas y al régimen escópico que tramaban: la tienda con vidriera abierta a la calle. El querer-ver, querer-tener, avanzadilla de lo privado en el espacio público y, sobre todo, una invitación al consumo de objetos de deseo que son modos de vida”, explica la gacetilla de prensa.

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Diego Bianchi, Meritocrazy, 2019, vista de exhibición en Pasto. Ph:Estudio Fiord

Bianchi ambientó la sala con espejos recortados, pedestales y elegantes mesas ratonas en blanco, negro y plateado para presentar un conjunto de esculturas y zapatillas, tacos, ojotas y plataformas “modelizados por una ergonomía que no significa sino capacidad de adaptación al sistema”, sigue la gacetilla. Y también cubrió los vidrios exteriores con una fina capa de látex coloreado que los visitantes arrancaban para espiar hacia el interior del local, el cual permanecía cerrado en la noche inaugural.

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Diego Bianchi, Meritocrazy, 2019, vista de exhibición en Pasto. Ph: Estudio Fiord

La muestra abrió con un desfile-performance en la vereda: los modelos usaron el calzado-escultura, mostrando no solamente los objetos en sí, sino también los modos de desplazarse que implican: zapatillas recubiertas con cáscara de mandarina que dejan una estela cítrica al andar, zapatillas blancas con fósforos clavados en uno de sus lados –sólo una estaba encendida y luego la vimos chamuscada− o recubiertas de fragmentos de espejos. El artista desfiló con un zapato con vidrios de color verde oscuro saliendo, filosos, hacia arriba y hacia los costados. En otro caso, dos tacos sobresalían de sendos neumáticos. Se vieron ojotas con suela de teclado de computadora, ojotas pegadas a cajas de cartón llenas de pochoclo, calzados que arrastran cables, módems y transformadores o directamente materiales de desecho como blísteres, latas de gaseosas aplastadas, celulares antiguos, corchos y bombillas de luz quemadas o envueltos con hueveras de cartón. Algunos modelos presentan pares dispares, por ejemplo, una estructura ortopédica de madera que, dada la ausencia de dismetría entre ambas piernas, desnivela el caminar; otros están modificados con materiales de construcción: recubiertos de cemento o con pedazos de ladrillos pegados a sus suelas. Cuando se trata de tacos-aguja, suelen clavarse en otro objeto: cabezas de telgopor forradas en tela, o sobre una pila de libros. En este último caso, el título de uno de los volúmenes que asoma es Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? de Mark Fisher, lo que invita a pensar en el fetiche del calzado, el pie como fetiche y objeto de deseo, pero también en el fetiche de la mercancía como la parte visible de los intercambios de la economía en la cultura contemporánea. “Andar como zombies, durmiendo poco –continúa la gacetilla−. Desfilar sobre la pobreza, reproduciendo los lugares comunes de la crítica y la filosofía de moda, entregados a la producción y el consumo de creatividad y de deuda, al interior de una arquitectura fantasmal de reflejos e ilusiones”.

Concluido el desfile, el público insistió en entrar a la galería. Fue así como la performance dio lugar al happening y la galería se convirtió en pista de baile hasta entrada la noche.

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Diego Bianchi, Meritocrazy, 2019, vista de exhibición en Pasto. Ph:Estudio Fiord

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Diego Bianchi, Meritocrazy, 2019, vista de exhibición en Pasto. Ph:Estudio Fiord

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Diego Bianchi, Meritocrazy, 2019, inauguración con desfile en la vereda. Ph:Estudio Fiord

Contenido producido por arteBA. Memoria anual de arte argentino contemporáneo.