Joaquín Aras – El chiste es que nos vamos a morir

El chiste es que nos vamos a morir
Joaquín Aras
Piedras
05.07.19 | 27.07.19

Joaquín Aras (Buenos Aires, 1985), ganador de la residencia para artistas Gasworks en Londres en el marco del programa de intercambio Gasworks + URRA 2019/2020, presentó en Piedras una propuesta que da cuenta de sus exploraciones en torno al humor, la risa y a las convenciones implícitas en el chiste. El texto que acompaña la muestra pregunta: “¿Puede el humor ser violento? ¿Cuáles son las implicancias éticas de reírse de los temas profundos de la vida? ¿Cómo nos ayuda el humor a lidiar con situaciones que normalmente consideramos serias o dolorosas como la muerte? ¿Puede haber humor sin tabú?”.

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Joaquín Aras, El chiste es que nos vamos a morir, 2019, vista de exhibición en Piedras (detalle). Ph: Gentileza de Piedras

La exposición comienza en una sala de paredes empapeladas y vacía, salvo por un pedestal con un gran botón rojo que, al accionarlo, activa un sonido de risas grabadas. Al levantar la vista, puede verse sobre la pared de enfrente los retratos de los directores de la galería en clave de caricatura.

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Joaquín Aras, El chiste es que nos vamos a morir, 2019, vista de exhibición en Piedras (detalle). Ph: Gentileza de Piedras

En dirección a la habitación principal, sobre una de las paredes de un pasillo angosto, una serie de papeles sobriamente enmarcados están dispuestos en forma semicircular o “de sonrisa”, según explican en la galería. En cada uno de ellos se puede leer la introducción o premisa de un chiste escrita en carbonilla y seguida de puntos suspensivos: “Un israelí y un palestino entran a un bar…”; “Un peronista y un gorila entran a un zoológico…”; “Un posmarxista y un coleccionista entran a una galería de arte…”; “Un curador y un enfermo entran a una muestra en un hospital…”. La obra presenta una serie de mutaciones sobre la estructura clásica del chiste de bar. Las frases son comienzos de posibles chistes negros pero sin su remate, quedan abiertas y se vinculan de alguna manera con la que le sigue. “La progresión parte desde el chiste genérico popularmente conocido para llegar al contexto específico donde el espectador está leyendo el texto”, explica Aras. En la pared paralela, cuatro personajes de un pequeño dibujo al estilo de una viñeta de historieta La pequeña Lulú sonríen con sus bocas abiertas y sobre sus cabezas se lee “jo-jo, ja-ja, ji-ji”.

Llegados a la sala principal, tres gradas de madera miran hacia una pantalla colocada sobre el piso, debajo de la proyección de una imagen fija: la foto de un grafiti que pregunta, en letras blancas sobre fondo negro, “¿Quién firma un chiste?”. Mientras tanto, en el monitor, un personaje encapuchado con la cara cubierta por una sombra negra y sus manos dentro de guantes negros con huesos de esqueleto estampados pregunta, a su vez, “¿Por qué nos reímos?”.

El personaje (¿la parca, la muerte?) va planteando, en forma de monólogo, reflexiones basadas en textos de Sigmund Freud y Henri Bergson sobre el chiste y la risa, intercalado con escenas de El show de Benny Hill, Los Tres Chiflados, imágenes de bloopers o tropiezos que describe como “chistes que hace la muerte” y dibujos animados, además de secuencias de los programas de Tato Bores y Antonio Gasalla, clásicos del humor argentino. Aras explora de esta manera las convenciones que habilitan el “pacto de humor para dejarse llevar por el chiste”, su capacidad para contar las verdades más crudas, la relación con temas considerados tabú como la violencia y la muerte, y los mecanismos que establecen los límites entre lo aceptable y lo vulgar.

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Joaquín Aras, El chiste es que nos vamos a morir, 2019, vista de exhibición en Piedras (detalle). Ph: Gentileza de Piedras

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