MI NOMBRE ES LIMA – BARRO

Publicado por | septiembre 06, 2019 | +, arteBA Fundación, Biblioteca, Buenos Aires, En foco, Noticias

Mi nombre es Lima
Miguel Ángel Ríos
Barro
31.08.19 | 12.10.19

El artista catamarqueño Miguel Ángel Ríos (San José Norte, 1943), que reside desde 1976 en México y Nueva York, presentó en Barro un proyecto inédito, Mi nombre es Lima, iniciado en 1988, a partir de su primera visita al Museo Larco en la capital peruana. La exposición incluye dibujos, pinturas y dos videos de animación basados en piezas arqueológicas de arte erótico de la cultura moche (siglos II al VII), desarrollada al noroeste de Perú.

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Miguel Ángel Ríos, Mi nombre es Lima, 2019, vista de exhibición en Barro. Ph: Santiago Orti. Gentileza de Barro

En 1993 el artista regresó a Lima y al museo para investigar estas piezas que tanto le habían fascinado y desarrollar el proyecto. “Hice cientos de dibujos y bocetos, recuerdo que no paraba de dibujar, estaba muy ilusionado por lo que veía y mi imaginación corría en un estado delirante y atrevido, pero inesperadamente tuve que volver a mi estudio de Nueva York”, cuenta Ríos. Diez años después de este segundo viaje, en 2003, y todavía “obsesionado por lo que había visto”, regresó a Lima para retomar el proyecto y es en ese momento cuando nació la idea de una animación en video. Pero de nuevo debió regresar a Nueva York.

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Miguel Ángel Ríos, Mi nombre es Lima, 2019, vista de exhibición en Barro. Ph: Santiago Orti. Gentileza de Barro

Ríos realizó un cuarto viaje a Lima, como artista invitado en la Residencia de Al Lado, y fue en esta oportunidad que empezó a desarrollar efectivamente el proyecto que tenía pendiente: iba diariamente al museo a dibujar y a tomar notas, aunque “sentía que algo no funcionaba”. Y continúa explicando: “Dado que los mochica consumían regularmente el San Pedro (potente alucinógeno), además del acullico de hoja de coca y la chicha en sus ritos y celebraciones, decidí que para involucrarme más profundamente en su mundo tenía que hacer lo mismo que ellos: trabajar desde la perspectiva que proporciona el alucinógeno. Realicé entonces un viaje a Huancabamba, Salalá, Piura, al sur de Perú, para ingerir el cactus San Pedro en pleno paisaje abierto y allí encontré la llave para desarrollar este proyecto”.

La muestra en Barro se organiza en tres ámbitos. La sala más cercana a la entrada presenta un conjunto de dibujos y pinturas desarrollados en series, enmarcados y ordenadamente dispuestos en línea sobre la pared. Siguen dos salas paralelas, en semioscuridad, donde se proyectan sendos videos de animación con sus respectivos storyboards. Un tercer espacio está dedicado al trabajo en estado alterado en que las imágenes se repiten, “multiplicándose entre formas exageradas y absurdas, superponiéndose y transformándose unas en otras… A través de ingerir el San Pedro la percepción de la realidad se expandió a otros niveles, donde la naturaleza es doble y se pierde el límite que estabiliza la observación. Así pude producir personajes de múltiples penes con ojos, o varias vaginas con labios, lenguas y flores, protagonistas de orgías de distintos sexos y estimulación oral en medio de una selva de cactus. En mi flashback pude concebir una figura con características precolombinas, que se convirtió en el personaje de Mi nombre es Lima” (Ríos).

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Miguel Ángel Ríos, San Peter installation (13), 2017-18, tinta sobre papel, 35 x 50 cm. Ph: Gentileza de Barro

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Miguel Ángel Ríos, Nap with elves, 2018, lápiz, tinta y acrílico sobre papel, 58,8 x 84 cm. Ph: Gentileza de Barro

Ríos suele abordar temáticas como las luchas sociales y políticas, la violencia y la geopolítica: es esa su obra más conocida. En los años 90, década en la que se conmemoró el quinto centenario del “descubrimiento” de América, realizó una serie con mapas intervenidos, algunos de ellos fueron seleccionados e incluidos en la exhibición Mapping (1994), en el MoMA de Nueva York. En esos trabajos, Ríos tomaba antiguas cartografías del Nuevo Mundo, mapas dibujados originalmente por exploradores portugueses, españoles, franceses e ingleses. En su intervención, los cortó y dobló, atravesando y deformando la visión tanto de los colonizados como de los imperios. En relación con estos trabajos, dice Ríos: “además de hacer una crítica al postcolonialismo, también hablo de desplazamiento, hablo de bordes, hablo de límites”. Con respecto a las culturas precolombinas, el artista plantea que “es necesario establecer nuevos parámetros” para su interpretación, “que se encuentren fuera del marco de la moralidad colonialista occidental y cristiana y a su vez tomar distancia del proyecto a través del cual el modernismo intentó apropiarse de estas culturas y sus prácticas para producir una iconografía identitaria de corte nacionalista… Mi propuesta es revisitar estas antiguas prácticas culturales de la región de manera subjetiva, sin inhibiciones, con toda su osadía erótica, humor surrealista alucinante y delirio onírico”.

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