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arteBA 2016: para aquellos que resisten el desierto.

En Buenos Aires la feria de arte es un espejismo. Como en una escenografía, los artistas, galeristas y coleccionistas se preparan durante meses para montar en la semana de arteBA una serie de eventos, exhibiciones y fiestas que presentan una escena activa e inquieta, que año a año demuestra un crecimiento considerable en el número de espacios de arte y en el interés del mercado. Lo cierto es que pasada esa semana, entre el cansancio y la resaca de la euforia, la ciudad vuelve a su curso normal, se acaban las visitas internacionales y los días agitados.

Buenos Aires es una ciudad tranquila para vivir y trabajar, con un medio artístico pequeño pero activo que aún mantiene cierta cultura de bar, de enfrentamiento y de confrontación de ideas, que se exploran en los espacios independientes. La galería es un formato deforme que no siempre está vinculado al mercado y a la venta de obra; puede ser desde un lugar de fiestas hasta un centro de lectura, desde un espacio de exhibiciones hasta una trastienda.

arteBA atravesó este año su 25 aniversario y lo interesante de analizar de este proceso no es estrictamente cómo la feria incidió en el mercado sino las diversas modificaciones y cambios que suscitó en el medio, en los formatos de exhibición, en las obras, en los artistas, pues parece inevitable pensar en una feria como un espacio aislado y resguardado. Cada edición deja sus ecos y sus consecuencias.

Si nos remontamos a la primera imagen que nos dio arteBA en el año 1991, vemos el ingreso a la feria coronado por dos columnas y jarrones, y un extenso pasillo con telas blancas que caen y tocan el piso. Parece la imagen de un casamiento “noventero”, de una fiesta del neoliberalismo de la época, pero no es justo condenar y cristalizar a la feria en esta imagen. Durante los últimos 25 años sucedieron numerosos cambios, pero inevitablemente algo de ella resuena cada vez que la visito en una nueva edición. ¨Pizza con champagne” fue uno de los lemas de la presidencia de Carlos Menen durante los noventa, una mezcla entre comida barata y bebida exquisita que definió la cultura y la política de esos años, signada por la privatización y el desempleo. Esa imagen y el champagne como una bebida de la ilusión del ascenso social persiste en la feria ya que la marca Chandon es el principal patrocinador del evento. Recorremos arteBA con la alegría de esa copa a medio servir, olvidando y recordando a la vez lo que sucede en este momento particular del país, donde gobierna una derecha neoliberal. Terminamos la noche en “Kentucky” una de las pizzerías mas famosas de la ciudad que tiene un local frente al predio ferial.

En 2001, año de una de las mayores crisis económicas del país, surge en la feria uno de los espacios que suscitó mas resonancia en el medio. El “Barrio Joven” nació como una iniciativa para que galerías emergentes pudieran ingresar a la feria, beneficiándose de costos mas bajos. Con espacios mas pequeños y ubicados hacia el fondo del predio, año a año un grupo de aproximadamente veinte galerías y espacios jóvenes de Latinoamérica se reúne allí para establecer sus primeros contactos con el mercado y concretar algunas ventas. Estos espacios definieron sin lugar a dudas la producción de algunos artistas durante los años siguientes. Los stands se transformaban en vidrieras abarrotadas de pequeños objetos enmarcados y sin enmarcar, como con una urgencia por vender a cualquier precio y cubrir, aunque sea, los gastos para pagarle a la Fundación arteBA. Este año el barrio se ve un poco mas despejado, aunque la estructura es la misma de los primeros años, hay menos obras, de mayor tamaño y de precios más altos. Algunas galerías con apenas meses de existencia participan en la feria para darse a conocer, otras que existen hace mas tiempo aplican a esta sección para pagar menores costos y algunos espacios que no tienen el formato de galería lo adaptan por esos días para poder ser parte de este evento. Bajo la curaduría de Raúl Flores y Manuela Moscoso, el 2016 trajo algunas propuestas destacadas en relación a otros años, como fue UV estudios, un espacio que funciona desde hace un año en una casa alquilada del barrio de Villa Crespo en Buenos Aires, donde se recuperó el aire festivo que le faltaba al medio desde hace un tiempo. Allí se realizan muestras de un día, fiestas temáticas, algunos artistas tienen sus talleres y algunas habitaciones se usan temporalmente como residencias. UV mostró un video del colectivo uruguayo Básica TV, donde los tres integrantes caminan en un departamento de clase media acomodada, donde desfilan, se tropiezan y se transforman en objetos domésticos.

Generalmente se justifica que la feria remplaza a la “bienal ausente”, por la falta de un mega-evento que reúna artistas, debates y movilice la escena. Es por esto que dentro de arteBA hay un gran espacio dedicado a publicaciones de arte, varios stands con fotografía (este año curados por Patrick Charpenel), un espacio para proyectos individuales con una curaduría de Manuel Segade que revisita el tópico cuerpo y género; hay un espacio de debate y conferencias coordinado por Victoria Noorthoon, y hasta una revista de la feria. Esta última, editada por Santiago García Navarro, Rafael Cippolini e Inés Katzenstein, se publicará dos veces al año con la intención de registrar la actividad de artistas locales en Argentina y en el exterior, manteniendo un formato de reseña al estilo Artforum.

Tal vez, la sección que activó mas discusiones este año fue DIXIT, un espacio dentro de la feria que se realiza por tercera vez consecutiva y que convoca a curadores a seleccionar artistas de las galerías participantes y algunas obras de colecciones privadas para desarrollar una hipótesis, con la pretensión de presentar una muestra “histórica” dentro de la feria. Las dos ediciones anteriores, curadas por Andrea Giunta y Julieta González respectivamente, privilegiaron una agenda internacional que posicionaba al arte latinoamericano entre el conceptualismo y su herencia, entre la política y la denuncia. Este año la sección parece haber dado un giro de por lo menos 180° para ocuparse de problemas estrictamente locales, convocando exclusivamente a artistas argentinos. Bajo el nombre de “Oasis. Afinidades conocidas e insospechadas en un recorrido por la producción artística de nuestro tiempo”, los curadores Federico Baeza, Lara Marmor y Sebastian Vidal Mackinson se preguntan: “¿El arte argentino contemporáneo puede definirse por una posible condición insular? ¿Podemos pensar aún un lugar retirado, un oasis, dentro del mapa de los flujos globales? ¿Un paisaje artístico escindido e inclasificable?”. Esta premisa fue presentada espacialmente mediante una acumulación de obras, muchas sostenidas por una serie de estructuras de madera similares a las que utiliza la publicidad en la vía pública, otras suspendidas desde el techo interfiriendo la circulación del visitante. La primera impresión que presentó la curaduría de este año fue la de continuar al resto de la feria, sin interrupción. Por otro lado, algunos proyectos recuperaron parte de las intervenciones que hicieron algunos artistas durante arteBA en los últimos años, como el premio organizado por el colectivo Rosa Chancho o el trabajo que Axel Straschnoy presentó en uno de los primeros premios Petrobras. “Oasis” ofreció una perspectiva histórica de la feria de un modo sutil, reuniendo una serie de obras que fueron atravesadas por el desarrollo y el lento crecimiento del mercado del arte a través de arteBA.

La feria, otra vez, fue un éxito. Su presencia como un oasis nunca encontró mejor definición