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Información + Texto Curatorial


Un curador invita a nueve artistas y a sus galerías representantes a participar con exhibiciones individuales.

Curadora 2017

Sofía Hernández Chong Cuy (curadora de arte contemporáneo para la Colección Patricia Phelps de Cisneros, Nueva York y Caracas)

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DESLICES
En esta época en la que vivimos, tan interco- nectada digitalmente y tan globalizada comer- cialmente, el público de arte contemporáneo está expuesto como nunca antes a una enorme diversidad de expresiones artísticas. Relacionado a esto está el hecho de que el público del arte contemporáneo es también, hoy en día, más amplio y diverso. Como nunca antes, el arte que se hace en el presente goza de un público que, sin ser insider o supuesto especialista en el tema, está en general más informado e involucrado en la cultura.
Si bien las mejoras en los sistemas de educa- ción y el boom del mercado del arte merecen men- ción, me gustaría apuntar a otro tipo de sistema de influencias, a aquello llamado “economía de la experiencia,” que incide más directamente en la producción y en la valorización cultural del arte. Como es sabido, este tipo de economía hace algo más que proveer productos tangibles. Este tipo de economía promueve experiencias memorables o, por lo menos, esa es su promesa y, sin duda, eso mismo es también la potencialidad a la que apuesta mucha de la producción artística.

El campo del arte contemporáneo no es ingenuo ante esta economía. Para empezar, muchos de los artistas plásticos activos hoy en día reconocen que su trabajo, esa labor sensible de acercarse al mundo y hacer sentido, contiende con la comercia- lización de experiencias que ofrecen provocaciones singulares, puentes culturales que dan significado a los acontecimientos y al entorno. Varios reconocen también que su talento u oficio no solo atañe y se desenvuelve en el campo del arte.

Ahora, ¿cuál es entonces la posición que hoy ocupa el artista contemporáneo? ¿Cuál es el lugar o significado de su trabajo ante estos desarrollos? Y, para el caso, ¿por qué sería relevante intentar responder a estas preguntas?

Tentativamente, me inclino a situar al artista plástico como parte del público expandido al cual me he referido. No es cuestión de distinguir su genialidad sobre la de los demás. Pero lo que sí se puede distinguir es su actitud, pues a diferencia de los demás, el artista ha tomado voluntariamente la decisión de dedicarse a realizar un tipo de pro- ducción que, en el mejor de los casos, se ocupa de dar forma de metódicamente a la intuición, sea o no esta una labor comercialmente redituable.
En el proceso elabora un lenguaje y materializa una entrega de algo perceptible o existente que no fue experimentado antes. Esta es su extraña generosidad.

Muchos de los artistas contemporáneos cuyo trabajo me interesa están conscientes de los retos que presenta este proceso de diferenciación. Las manifestaciones artísticas a las que me refiero exteriorizan intentos de escape o replanteamiento de esa situación, sin pena de ser consideradas didácticas, absurdas, estafadoras o ilusas. El arte que voluntariamente recae, y que vulnerablemente se acoge, en el mundo de incertidumbres, se sincera ante todo con la oleada de influencias que existen y con las creencias de cambio continuo que imperan. Este arte se ocasiona a partir de deslices entre distintos campos de conocimiento.

A partir de la invitación de arteBA de presentar artistas latinoamericanos en esta edición de Solo Show Zurich, he seleccionado a un grupo cuyo trabajo delata la variedad de aproximaciones sensibles que dan sentido a nuestra contem- poraneidad: Mario García Torres, Dulce Gómez, Philippe Gruenberg, Hulda Guzmán, Ana María Millán, Adriana Minoliti, Andrés Pereira Paz, Oscar Santillán y Christian Vinck. La sugerencia, entonces, es muy sencilla: rodearse de su trabajo y desenvolverse junto a él—vivir, sentir y pensar nuestro presente con la obra de estos artistas.

Sofía Hernández Chong Cuy