Información + texto curatorial

Un curador invita a seis artistas y a sus galerías representantes a participar con exhibiciones individuales.

Curador

Manuel Segade (director del Centro de Arte Dos de Mayo -CA2M- Madrid, España)

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“Nadie sabe todavía de lo que un cuerpo es capaz”

El cuerpo es el agente de la historia, el instrumento historiográfico por antonomasia. La historia es somática, un repertorio coreográfico de gestos leídos en un orden determinado. El Gran Relato de la Historia, monológico, occidental, blanco y masculino, ha sido complejizado, criticado y reconstruido por el pensamiento posmo- derno, por los feminismos y por la teoría queer, por la teoría poscolonial y decolonial.

El teórico Brian Massumi describe el afecto como “aquellos huecos entre las posiciones en una red”. Sin afecto ningún sistema ideológico o interpretativo podría existir. Actualmente, son las prácticas artísticas de genealogía conceptual, conscientes de la capacidad crítica de la representación, las que hacen entrar a la Historia en el arte contemporáneo a partir de narrativas sobre las formas de vida: las microhistorias afectivas que transcurren entre los cuerpos. Y es que es lo que afecta lo que vuelve a los individuos partícipes del acontecer de la historia.

Como escribió Baruch Spinoza: “Nadie sabe todavía de lo que un cuerpo es capaz”.1 Si antes era la fotografía la que determinaba materialmente las formas de la historia, ahora es el cuerpo el que la performa, en sus registros escénicos o videográficos.

Precisamente por su atención a las performances del cuerpo y a sus poses cotidianas, los artistas que se presentan en Solo Show Zurich comparten un principio de crítica del tiempo convencional: son cronopolíticos. Frente al tiempo productivo del capitalismo neoliberal y de la pareja heterosexual reproductiva –el tiempo histórico tradicional teleológico y único– los artistas proponen otras relaciones entre el cuerpo y el tiempo, entre las disidencias que producen los afectos diferenciales y las nuevas presencias sociales. Las poses y los gestos empoderados son manifestaciones cronopolíticas, como lo muestra la temporalidad drag de Renate Lorenz y Pauline Boudry (Berlín, Alemania, 1963, Lausanne, Suiza, 1972) pero también los anodinos héroes cotidianos de la Europa del Este después del comunismo en Servan Sabu (Sighișoara, Rumania, 1978).

El cuerpo también es un receptor social, un fabricante de contexto: así se muestra en la segunda naturaleza que revelan los cuerpos más allá del género de Osías Yanov (Buenos Aires, 1980) y en los procesos de lectura feminista de lo público en la ciudad de Mercedes Azpilicueta (La Plata, Argentina, 1981). El tiempo y la materialidad de la racionalidad occidental se abren a un principio de diálogo crítico a través de las alteraciones de la percepción que propone Bruno Botella (1976). Por último, los sueños de la performer vasca Itziar Okariz (San Sebastián, España, 1965) se apropian del lenguaje para ser mímica, por un momento, de un cuerpo otro a destiempo.

Manuel Segade

1. La frase de Spinoza se convirtió en un leitmotiv del proyecto de crítica de la identidad para Gilles Deleuze, muy presente en los libros programáticos escritos junto a Félix Guattari: El antiedipo y Mil mesetas. De hecho, ese acontecimiento, el devolver a la Historia a la fluidez del cuerpo, al agenciamiento subjetivo, recuerda mucho a la noción de Félix Guattari de la revolución molecular: “La revolución molecular consiste en producir las condiciones no solo de una vida colectiva, sino también de la encarnación de la vida para sí mismo, tanto en el campo material, como en el campo subjetivo”. Guattari, Félix / Rolnik, Suely: Micropolítica. Cartografías del deseo. Traficantes de sueños: Madrid, 2006. P. 62.