Texto curatorial

Las palabras y las cosas

En el prefacio de su “arqueología de las ciencias humanas”, Las palabras y las cosas, Michel Foucault afirma que “nada hay más vacilante, nada más empírico (cuanto menos en apariencia) que la instauración de un orden de las cosas; nada exige una mirada más alerta, un lenguaje más fiel y mejor modulado; nada exige con mayor insistencia que no nos dejemos llevar por la proliferación de cualidades y de formas” 1.

La edición 2015 de U-TURN Project Rooms by Mercedes-Benz toma, con cierta libertad, las afirmaciones de Foucault como punto de partida para proponer una reflexión sobre la manera en la que muchos artistas contemporáneos buscan descubrir algo parecido a un “orden de las cosas”, utilizando para esto palabras y cosas. Evidentemente, y puede ser que sea exactamente eso lo que torna al título del libro de Foucault (y de esta edición de U-TURN) tan fascinante, “cosas” es un término que, en su amplitud, lo abarca todo: hasta, tal vez, las “palabras” mismas. Pero también se podría afirmar lo contrario, o sea, que la obsesión taxonómica del lenguaje hace que no existan más cosas: lo que tenemos son millones de palabras, que definen de manera más o menos exacta prácticamente todo, sin dejar espacio para “cosas” neutras, indefinidas, simples objetos libres de cualquier significado.

En un contexto hípersaturado de información, muchos artistas responden criando cosas obstinadas, que insisten en no encajar en ninguna otra definición, o bien utilizando las palabras (o sea, de cierta manera, el opuesto de las cosas) como si fueran objetos neutros, sin un significado unívoco y universal.

El trabajo de curaduría se centró en la selección de artistas y obras que pudiesen ser relacionados con estas premisas, pero sin buscar excesivamente la coherencia, o el “orden”, para usar la definición de Foucault. Sin buscar, en otras palabras, exponer propiamente una tesis curatorial, y respetando programáticamente la peculiaridad de las ferias en el contexto de las exposiciones de arte contemporáneo. Desde un punto de vista estrictamente cultural, el formato de la feria puede ser considerado ultrapasado, parecido al de las grandes exposiciones universales o al formato original de las bienales, donde no había un tema definido ni la figura de un curador general, y las obras eran yuxtapuestas sin excesivas preocupaciones temáticas. Si bien ese modelo es considerado hoy agotado, por no llevar adelante una reflexión más amplia que la que propone cada obra singularmente, es innegable que se trata de un formato intrínsecamente democrático, en el sentido de que escapa a la dictadura del gusto imperante, monolítico, único, del international style curatorial.

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1. Michel Foucault, Las palabras y las cosas, Siglo Veintiuno Editores, Argentina, 1968, página 5.

Pero además de estas consideraciones, que podríamos llamar estructurales, la decisión de privilegiar una aproximación abierta al tema propuesto responde también al deseo de acentuar la diferencia entre las diferentes proposiciones, a pesar de ser posible encajarlas todas en un universo común: el conjunto está pensado, con todas sus diferencias e idiosincrasias, casi como un catálogo de tentativos artísticos de ordenar el mundo, pero sin la ambición de proponer un sistema de ordenación exhaustiva. El mundo, evidentemente, se niega a ser ordenado, obedece a sus propias reglas y no podría nunca ser forzado dentro de parámetros (apenas) humanos. Y es por eso que hay que enfatizar las diferencias, porque son las que evidencian cómo cada uno de esos tentativos es claramente “autoral”; no responde a un afán auténticamente científico, sino a la necesidad humana de inventar sistemas de medición, análisis y ordenación de todo lo que nos rodea.
En el recorrido por U-TURN se mezclan, así, trabajos en los que la palabra es el instrumento privilegiado, pero no siempre explícito, para descubrir o construir narrativas reales o imaginarias (como en las obras de Daniel Gustav Cramer, Pablo Pijnappel o Tris Vonna-Michell, quienes –cada uno a su manera– construyen historias posibles y enigmáticas) y esculturas que son casi cosas, o sea, objetos que no encajan en ninguna definición preexistente pero que, al mismo tiempo, con una clareza perturbadora, se encargan de transmitir un mensaje, intentan casi construir una gramática y una sintaxis (pensemos, por ejemplo, en Débora Bolsoni, J. Parker Valentine, Jorge Pedro Nuñez, Gintaras Didžiapetris, pero también en la pintura extrañamente familiar de Magdalena Jitrik). Otros trabajos se apoyan en la palabra para reconstruir relaciones y tramas, maquinaciones y relatos históricos o familiares, con un afán al mismo tiempo investigativo y poético, como el que caracteriza las obras de Ícaro Lira, de Luis Jacob, de Marco Poloni y de José Rufino. Y a ellas, a su vez, se aproximan, criando relaciones insospechables, obras en las que, para citar otra vez a Foucault, “el lenguaje rompe su viejo parentesco con las cosas para penetrar en esta soberanía solitaria de la que ya no saldrá, en su ser abrupto, sino convertido en literatura”2, como las de Bernardo Ortiz, de Martha Araújo, de Carla Zaccagnini. Finalmente, como no podría dejar de ser en una América Latina que sigue convulsa y aflicta, las palabras y las cosas se cargan a menudo de un significado político y casi revolucionario en las obras de artistas como Graciela Gutiérrez Marx, Clemente Padín y sus compañeros que utilizaron el arte postal como instrumento de insurrección poética. Su arte de protesta y liberación se renueva, en otra forma, en el trabajo al mismo tiempo investigativo y dolorido de Fredi Casco, Giancarlo Scaglia y Voluspa Jarpa, quienes, cada uno a su manera, revuelven los escombros de la historia para llevar a la luz una narrativa por demasiado tiempo silenciada.
Jacopo Crivelli Visconti
Curador U-TURN 2015